Crecida

Editorial de Ayamonte

Las versiones de Eva

versionesevacubierta

Edición 2014

Autora:

Carmen Camacho

(Alcaudete, Jaén, 1976) ha publicado los poemarios Campo de Fuerza (Delirio, 2012), La Mujer del Tiempo (4 de Agosto, 2011), 777 (Taller del Hechicero, 2007) y Arrojada (Cangrejo Pistolero, 2007); el cuaderno de cantares Letra Pequeña (Ejemplar Único, 2014) y el libro de aforismos Miminás (Baile del Sol, 2008 -1ª ed.-, 2009 -2ª ed.-). Está a punto de ver la luz su primer libro de relatos. Su obra está recogida en más de 40 antologías y traducida parcialmente al italiano, francés, portugués, árabe y armenio. Interesada en el diálogo de la palabra poética con las artes y el teatro, ha creado y llevado a escena varios espectáculos de Spoken Word. Integra, junto al cantaor Juan Murube y la bailarina Raquel López Lobato la compañía La Bella Aorta, que en la actualidad está llevando a teatros y escenarios alternativos españoles el espectáculo Toma de Tierra, que aúna palabra de viva voz, quejío y danza contemporánea. Forma parte del consejo editor de Nayagua, de la Fundación Centro de Poesía José Hierro y ejerce la crítica literaria y la reflexión en torno a cuestiones sociales en varias publicaciones especializadas. Vive en Sevilla, a su aire.

www.carmencamacho.net

www.facebook.es/labellaaorta

 

LAS VERSIONES DE EVA

Crecida, Ayamonte, 2014

MANZANAS TRAIGO

[epílogo]

Una no es solo una e indivisible y toda todo el rato, menos mal; una es multitud y anda poblada de las voces (y silencios) que va dando por las calles o las páginas, y enjambres la nublan y aluviones la alivian y días tiene en que se despierta y se declara no retornable, otros en los que se detalla y yerra, otros en los que al equivocarse acierta y otros en los que por fin funda Lisboa, rompe aguas, regatea el alma al diablo, se atreve a mirar debajo de la cama, enciende la luz. Como toda hija de vecina o del Verbo o Eva con su revés Ave siempre en tránsito, siempre, siempre. Esa es la constante, y de ello se da cuenta Heráclito y hasta yo misma: el cambio es lo que hace una y muchas a la muchacha que le pidió peros al Olmo de la Ciencia y toma ahora el suburbano de Henoc rumbo al centro o le saca la lengua —castellana— a Adán si al darle la vuelta dice Nada. La misma que se dejará caer de los cielos en plan apoteosis, supernova de medialuna y dragón genial, en cuanto escuche la séptima trompeta, válgame San Juan Evangelista. Y luego ya veremos.

Perpetuum mobile. Literal. Así la vida y las palabras que en mi caso la atraviesa. Pero algunas otras constantes hay en mí y en mi letra torda, y de ello me di cuenta tantas veces cuando ya era maravillosamente tarde, cuando algunas de vuesas mercedes ya me tenían en sus manos en forma de poema. Pues me alegro.

Ya lo intuyen, las cosas que de continuo aparecen en mi obra a veces yo las comparo con las amigas Eva y Lilith. Con ellas y con las dolorosas barrocas de Gólgota en pleno eclipse y las gloriosas alucinantes que vienen del Porvenir; por supuesto con las que no tenemos nombre, con todas las de este pueblo u Occidente y con cada una de las extranjeras que me crece dentro. También con mi desdibujamiento de todas y desde todas. La de Génesis Now, la Eva Underground, la de los poemas del secano y los pecados normal de originales, la loca de la casa, la viuda de vivo, la que más quisiera. La de la tarde hecha verbo y sus muy variadas y acaso fértiles viceversas. La hija del zahorí bebe vasos de sed: aquí están.

*

Las versiones de Eva que tienen en las manos son algunas de las seglares escrituras de esta que es una y, más que trina, múltiple: fragmentos de los libros Campo de fuerza, La mujer del tiempo, 777 y Arrojada, también algunas miniaturas de Minimás; esto es, una parte de los versos varios y pintos que ya no sé si compuse o si son más bien ellos los que me componen a mí.

Los poemas que aquí van se dejaron escribir a su amor, me pidieron horma en versos, versículos o aforismos, y a servidora se le importó poco empezar un texto en endecasílabos y entreverarle, para descansar el oído, una liviana. A ustedes les llegan ahora talcuales. Conservan muchos de ellos también el uso a mi aire de signos, mayúsculas y minúsculas, estrictamente como fueron escritos o dejados de escribir en su momento. Su sentido tenía en cada todo del que estos textos forman parte el saltarse o no a piola las normas básicas del punto sobre las íes. Aunque aquí tal vez se diluyan esas razones de amor, he querido conservar sus transgresiones.

Talcuales uno a uno, pero distintos en su conjunto: así van los poemas de Las versiones de Eva, enhebrados a conciencia para marcar los viejos sitios de mi pequeña cartografía poética.

Toda esta poesía y con ella todita yo, aquí estamos, reunidas en insólita asamblea — gracias a Eladio Orta y a la buena compañía— para celebrar las crecidas. Las crecidas y las salidas de madre y las voces del extremo y el fuego por los márgenes y la mar serena y la vara verde contra la usura y las pequeñas muertes y la vida a lo largo que harán de esta noche y esta luna tantas otras

y sólo una.

Salud.

Carmen Camacho

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